
Oksana Restenko/Getty Images
Resumen.
En lo más recóndito de mi memoria, puedo imaginarme una escena de mi infancia. Mi hermano pequeño y yo estamos en su dormitorio, jugando con nuestras figuritas de Playmobil. Acostamos a los niños, como siempre nos acostaban a nosotros. ¿Pero a los adultos? Anunciamos, con cierto regocijo, que se van a quedar despiertos toda la noche.