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No permita que el cinismo socave su entorno laboral

© Jill Greenberg, cortesía de la Galería ClampArt, Nueva York

Resumen.   

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Un puesto vacante de CEO en Microsoft debería ser el santo grial para los ejecutivos del sector tecnológico, pero ese no era el caso en 2014. El crecimiento de la empresa se había estancado. Al desperdiciar su ventaja inicial en el ámbito de los teléfonos inteligentes y otras nuevas tecnologías, Microsoft había perdido cuota de mercado frente a Apple, Google y Amazon, y se había ganado la reputación de ser una empresa anticuada y desconectada de la realidad: un gigantesco barco que se tambaleaba en la dirección equivocada. La periodista de Bloomberg Dina Bass enumeró esos inconvenientes en un artículo titulado sin rodeos «Por qué no querría ser CEO de Microsoft». Cinco días después, Satya Nadella tomó el timón. Los fracasos de Microsoft se debían a un problema más profundo: una cultura sumida en la desconfianza, la competencia y el tribalismo, que minaba la moral y sofocaba la innovación. En su libro de 2017, Hit Refresh, Nadella describió una ilustración del organigrama de Microsoft realizada por el diseñador Manu Cornet que mostraba a las divisiones de la empresa en un enfrentamiento, con círculos que representaban silos rígidos apuntándose con armas unos a otros. La caricatura pretendía ser divertida, pero los problemas que ponía de relieve no lo eran. Tampoco son infrecuentes.

A version of this article appeared in the Septiembre-Octubre 2022 issue of Harvard Business Review.

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