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Resumen.
A medida que grandes empresas como Google y Apple han empezado a imponer el regreso de todos los empleados a la oficina durante un determinado número de días a la semana, el debate sobre la flexibilidad y la autonomía sigue desarrollándose. Cada vez son más las organizaciones que adoptan una postura firme sobre dónde creen que deben trabajar sus empleados, lo que vuelve a poner en el candelero la cuestión de hasta qué punto deben tener voz los empleados a la hora de determinar su propia organización del trabajo: si deben poder decidir dónde y cuándo trabajan, o si su organización debe tomar esa decisión por ellos.