
Resumen.
En 2010, Gabriela Cowperthwaite leyó un artículo de prensa que le cambió la vida. En él se describía cómo una ballena orca había matado a un adiestrador durante un espectáculo en el SeaWorld de Orlando. Cowperthwaite, una cineasta de Los Ángeles a la que le gustaba llevar a sus gemelos a ver a las orcas al SeaWorld de San Diego, pasó los dos años siguientes realizando un documental de investigación, Blackfish, que describía cómo el trato de los parques temáticos a las orcas perjudicaba tanto a los animales como a sus entrenadores humanos. La producción de la película costó sólo 76.000 dólares. Sin embargo, rápidamente se hizo viral, captando la atención de famosos y grupos de defensa de los derechos de los animales. La presión pública sobre SeaWorld aumentó. Las empresas cortaron los lazos de patrocinio, los organismos reguladores abrieron investigaciones sobre las prácticas de seguridad de los parques y los legisladores propusieron prohibir la cría de orcas en cautividad. Dieciocho meses después del estreno de Blackfish, el precio de las acciones de SeaWorld se había desplomado un 60%, y el CEO Jim Atchison anunció que dimitía. En 2018, las acciones de SeaWorld aún no se habían recuperado, y todo porque una mujer había leído una historia sobre las orcas y había rodado una película de bajo presupuesto.