
Resumen.
Cuando los directivos de Uber destituyeron a su CEO y cofundador, Travis Kalanick, en junio de 2017, la medida era paradójicamente tan esperada como un tanto inesperada. Durante meses, Kalanick y la empresa habían sufrido una serie de escándalos, cualquiera de los cuales podría haber deshecho a un jefe ejecutivo típico. Una ingeniera había publicado un largo relato público sobre el acoso sexual rampante y la "cultura de hermanos" de la empresa, ante la que el departamento de RRHH de Uber había hecho la vista gorda. La empresa había sido sorprendida pidiendo y cancelando viajes de su competidor Lyft, cazando furtivamente a los conductores de Lyft y utilizando software para rastrear subrepticiamente a sus propios clientes aunque cerraran la aplicación de Uber. Durante años de disputas con las autoridades locales del taxi sobre la legalidad de su servicio de coches, se descubrió que Uber utilizaba una herramienta llamada Greyball que disimulaba la ubicación de sus coches y mostraba una versión falsa de la aplicación a los funcionarios de la ciudad. El propio Kalanick fue grabado en vídeo reprendiendo condescendientemente a un conductor de Uber que se quejaba de la caída de las tarifas.