
Resumen.
Para los directivos y empleados individuales, una fusión o adquisición no es sólo una estrategia corporativa; es un acontecimiento personalmente disruptivo -a menudo traumático-. Lo que los ejecutivos de la C-suite y los consultores llaman eufemísticamente "integración post-fusión" suele ser un periodo de tensión, incertidumbre e incluso caos. La carga de trabajo aumenta, al igual que la presión y el estrés. Es posible que tenga que adaptarse rápidamente a políticas, prácticas y políticas desconocidas; trabajar con extraños de diferentes culturas corporativas o incluso nacionales; o rendir cuentas a nuevos jefes que no saben nada de su trayectoria o sus ambiciones. Mientras tanto, no hay garantía de un puesto de trabajo en la organización resultante, y mucho menos de una carrera a largo plazo. Por término medio, aproximadamente el 30% de los empleados son considerados despedidos tras una fusión o adquisición en el mismo sector.