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El caso de los inversores activistas

Tamara Shopsin
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En 1926 Benjamin Graham escribió una carta a Northern Pipeline con una simple petición. Tenía una pequeña participación en la empresa y se había dado cuenta de que poseía millones en bonos ferroviarios y otros valores. El hombre que un día sería conocido como el decano de Wall Street y el padre de la inversión en valor quería que vendiera esos títulos y distribuyera los beneficios a los accionistas en forma de dividendo.

A version of this article appeared in the Marzo 2016 issue of Harvard Business Review.
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