Resumen.
Los altos ejecutivos tienen el poder de crear un entorno que permita a las personas crecer y dar lo mejor de sí mismas, o un lugar de trabajo tóxico en el que todos sean infelices. El modo en que los ejecutivos acaben utilizando ese poder depende en parte de su salud mental. Los jefes sólidos y estables suelen construir empresas en las que las normas tienen sentido para los empleados, liberándoles para que se centren en realizar bien su trabajo. Pero si la constitución psicológica del jefe está deformada, los planes de negocio, las ideas, las interacciones e incluso los sistemas y la estructura de la propia organización reflejarán sus patologías.