Cuando un ejecutivo del sector privado se incorpora a una organización sin ánimo de lucro, lo habitual es que se entienda que su función es aportar disciplina empresarial. Cuando llegué a la Cruz Roja Americana, sin duda había problemas que abordar. Las cuentas del ejercicio fiscal 2008 se cerraron solo seis días después de mi llegada, con un déficit operativo de 209 millones de dólares. La organización llevaba varios años registrando déficits, pidiendo préstamos solo para disponer de capital de trabajo, y teníamos una deuda de más de 600 millones de dólares. Francamente, no se nos daba muy bien recaudar fondos. Sí, teníamos una marca fantástica, la segunda más conocida del mundo, pero incluso eso necesitaba una renovación.