La diversidad es un valor casi universal en las empresas estadounidenses, pero los niveles superiores de la dirección siguen siendo obstinadamente homogéneos. Consideremos los CEOs de las empresas de la lista Fortune 500: solo 23 son mujeres, solo seis son negros y ninguno es abiertamente gay. ¿Por qué hay tan pocos avances en los puestos más altos? Creemos que uno de los factores es un fenómeno que los sociólogos denominan «encubrimiento», por el cual las personas minimizan sus diferencias con respecto a la corriente dominante. Una persona con discapacidad puede renunciar a su bastón en el trabajo, por ejemplo, mientras que un hombre homosexual puede evitar usar «él» o «le» si se le pregunta por su pareja. Este comportamiento no solo está motivado por la autocensura o los prejuicios internalizados, sino también por la presión de los directivos. Disminuye la confianza y el compromiso de los empleados y, en nuestra opinión, frena el avance de las mujeres y las minorías.