Hay una muy real brecha de conocimiento en las primeras etapas del juego de puesta en marcha, en ambos lados de la mesa. A los emprendedores primerizos les falta la experiencia necesaria para capitanear un barco estable en aguas turbulentas. Los amigos y familiares sin experiencia (y, cada vez más, los inversores de colaboración colectiva) carecen de la capacidad de evaluar la viabilidad de una empresa o de asesorar a emprendedores ingenuos.