Resumen.
Los accionistas se quejan, con razón, de que los ejecutivos se quedan con cheques de pago asombrosos y obtienen resultados mediocres. Las juntas directivas están atrapadas en el medio, sometidas a una presión cada vez mayor para que actúen como guardianes y disciplinarios, a pesar de las pruebas de que son más eficaces como asesores amistosos.