Resumen.
La idea de que las empresas deben "deleitar" a sus clientes se ha arraigado tanto que los directivos rara vez la examinan. Pero pregúntese lo siguiente: ¿Con qué frecuencia frecuenta alguien una empresa específicamente por su servicio exagerado? Probablemente se le ocurran algunos ejemplos, como el del viajero que se empeña en volver a un hotel cuyo personal es especialmente atento. Pero probablemente no se le ocurran muchos.