Resumen.
La innovación, tras desaparecer de las prioridades corporativas durante la reciente recesión, está volviendo poco a poco a las listas de tareas pendientes de las oficinas de las esquinas. Sin embargo, en la mayoría de las empresas, el proceso de innovación es toser y chisporrotear como un motor viejo y oxidado. Al igual que la combustión interna, la innovación tradicional se dirige a la obsolescencia (porque los parámetros han cambiado por completo) y se llevará consigo a organizaciones desprevenidas.