Resumen.
Las empresas se han vuelto muy buenas a la hora de conseguir que los clientes trabajen gratis: bombear su propia gasolina, realizar sus propias compras, rellenar formularios en línea. En cada caso, el beneficio mutuo es claro y los clientes aceptan tácitamente un cambio de valor: «Me pondré gasolina si me dan una reducción de precio». Sin embargo, algunas organizaciones están encontrando formas de aprovechar la energía mental y física de las personas a escondidas, lo que desvía un poco de valor adicional. Los defensores suelen decir que están capturando la energía «desperdiciada»; los detractores sostienen que no existe tal cosa como una comida gratis.