En los días prehistóricos de la tecnología de la información, digamos, hace unos 15 años, muchas empresas optaron por abordar el espantoso y complicado asunto de «máquinas y hombres» mediante la creación de un nuevo puesto: director de información. Las empresas esperaban que este novedoso ejecutivo las protegiera y preparara para la próxima revolución tecnológica.