Un CEO muy respetado se acerca a la edad de jubilación. Sabe que lo responsable es designar a un sucesor, y el consejo de administración está totalmente de acuerdo. Juntos, evalúan a los candidatos internos, pero deciden que ninguno posee todas las habilidades necesarias para impulsar la empresa hacia adelante. Pronto, se contrata a una promesa procedente de fuera de la empresa, con la garantía de que, si su rendimiento es bueno, ascenderá al puesto más alto en dos o tres años.