SKIP TO CONTENT

Por qué los planes de incentivos no pueden funcionar

Aviso: Traducido con el uso de inteligencia artificial; puede contener errores. Participe en esta encuesta para hacernos llegar sus comentarios y obtenga información en las preguntas frecuentes.
Read in English

Es difícil exagerar hasta qué punto la mayoría de los directivos y las personas que los asesoran creen en el poder redentor de las recompensas. No cabe duda de que la gran mayoría de las empresas estadounidenses utilizan algún tipo de programa destinado a motivar a los empleados al vincular la compensación a un índice de rendimiento u otro. Pero lo que más llama la atención es la creencia, poco examinada, de que las personas harán un mejor trabajo si se les promete algún tipo de incentivo. Esta suposición y las prácticas asociadas a ella están muy extendidas, pero la creciente colección de pruebas apoya una opinión opuesta. Según numerosos estudios realizados en laboratorios, lugares de trabajo, aulas y otros entornos, las recompensas suelen socavar los mismos procesos que pretenden mejorar. Las conclusiones sugieren que el fracaso de un programa de incentivos determinado se debe menos a un fallo en ese programa que a la insuficiencia de las suposiciones psicológicas en las que se basan todos esos planes.

A version of this article appeared in the September–October 1993 issue of Harvard Business Review.

Partner Center